la niña que juega
guayaba agria at bogotá fashion week 2026
mayo, 2026
Dientes de Leche en conversación con: Maria Prieto (Medellín, 1998)
Para presentar nuestra colección 008: Dientes de Leche, invitamos a Maria Prieto a habitar la vitrina de Paisaje Latino durante un día.
Convirtiéndola en un espacio doméstico temporal: un ejercicio de autocuidado, autorreconocimiento, juego, lectura, descanso y creación de fantasía junto a nuestras piezas.Una exploración de lo que ocurre cuando la intimidad se vuelve visible.
¿Quién soy cuando ignoro que el otro me ve?
1. Cómo describirías tu trabajo
Creo que esto es muy eterno para mí, pero mi trabajo se basa en traducir. Traducciones entre mundos. Cuando uno intenta traducir una palabra entre dos idiomas siempre hay una pérdida de sentido en el mismo ejercicio de traducir. Y a mí me interesa ese tercer cuerpo, como ese hueco de sentido que sucede en esa pérdida porque lo creo más rico y bondadoso que todo el ejercicio en sí, y es como una maraña que se va haciendo un poco más mágica cada vez que encuentro una nueva snalogia, jajajaja es muy confuso lo que estoy diciendo, pero a lo que voy es que Intentar explicar una palabra, o el sentido de una palabra por ejemplo, hace que cuando no existe una traducción exacta de las cosas, tengas que valerte de un montón de comparaciones, que tocan todos los sentidos, para hacerte entender
Y creo que ese ejercicio de hacerse entender es un juego de mímica o de magia entre muchos medios.
me gusta explorar todos esos medios o tener en mente la analogía y escoger entre tantos medios posibles escoger uno que me parezca aún más enfático para “explicar” algo que al final nunca va a ser recibido como yo lo entemdí.
eso me parece muy romántico
Creo que en todos los ejercicios de mi “trabajo” me emociona trabajar o llevar las cosas hacia ese espacio liminal donde todo puede existir o suceder
Donde tiene espacio infinito para existir


¿De todo lo que te inspira, que aprendiste de los que te aman?
Aprendí a ver el amor como una cosa universal. Aprendí de mi mamá que el cariño se expresa a escalas mucho menos cercanas de un núcleo obvio y familiar y que vale la pena siempre velar por el bienestar de todos por fuera de sí, también. Que un acto aparentemente inútil es hacerle sentir cuidado a una persona que lo necesita, así sea solo cuidando sus horas de sueño y de trabajo. Aprendí también de ella lo que se llama la belleza del gesto, de como el amor está en acciones acertadas, inesperadas y en el ritual de aprender a decir las cosas. Que en el amor lo más importante es intentar ser valiente al menos diciendo siempre la verdad y entendiendo las cosas que no hay que decir porque pertenecen a un universo inherentemente propio y único.
De mi papá, aprendí la preocupación. No lo digo en mal sentido, pero creo que entendí que amar implica a veces querer construir un mundo donde todo haga sentido, donde las cosas sean utópicas, bellas y permitan bienestar. Sea o no un poco irreal y a veces implique control, cuando me preocupo en exceso por algo o alguien entiendo lo mucho que me importa y hasta que punto me siento atada a ese ser, cosa o trabajo y como debo siempre hacer pequeños ejercicios de separación. Aprendí de él la estética, aprendí de mi papá el significado de la belleza y del asombro por la belleza y no hubiera querido que fuera de otra forma. Todo lo que sé de la belleza en gran parte proviene dicho o no, de él. Es normal, creo pero probablemente es el primer hombre del que me enamoré, y creo que era porque si bien su preocupación a veces rebasaba ciertas cosas, también era la persona que más me quería hacer reír. Me dio quizás la importancia del juego.
De la mamita Gloria aprendí el amor “incondicional”, no porque no tuviera realmente condiciones si no porque era la persona más alcahueta del mundo. Aprendí el lado femenino de las cosas, pero sobre todo aprendí sobre la magia, sobre el lado de las cosas que es puro “whimsy” y de embellecer las historias. Aprendí de ese mundo psíquico donde todo lo que ocurre en la imaginación de una niña es valido y merece existir. Eso tenía un límite, claro porque también le daba miedo cuando las cosas de esa imaginación eran crueles, viscerales o escatológicas. Pero a la larga tampoco las reprimió o yo, tampoco le hice caso.
¿Cual forma de amar no me identifica? ¿Si el amor que no quiero fuera un objeto, que sería?
Amar a medias. Amar con estrategias. No sé porqué, pero sólo me imagino una silla abandonada. No en la calle, en un ático. Le falta el cojín de la sentadera y es solo una estructura de madera agarrando polvo.


¿Cual es mi postre del amor?
Cuando era chiquita y quizás hasta más grande mi abuela me hacía una leche que yo denoté “Leche de Abrazo”. Era leche caliente con miel o panela y unas gotitas de esencia de vainilla, que ya prácticamente no existe en ningún lado muy pura.
Pero creo que en general aunque asocio muchos sabores a sensaciones amorosas, puedo concluir que cualquier postre indulgente me parece un postre del amor. Un postre un poco grotesco. No hostigante si no decadente, denso, esa cosa que básicamente cierras los ojos con una cucharada pero además es el lugar en donde la persona con quien lo compartes pierde un poco la cabeza y la mirada y entiendes que sabe abandonarse a un placer sencillo pero que le sobrepasa. Que tiene antojos, que cumple caprichos.


*experimental catering hecho por tarta letal
¿Si el amor fuera un sabor, cual sería?
La granada? La mejor pasta del mundo. Una pasta de cuello de cordero con parmesano. Jajaja.
¿Y si el amor fuera una casa?
El jardín de la casa.

_JPG.jpg)
Y si vuelves a ese primer recuerdo, ¿cómo se sentía el amor antes de que supieras llamarlo así?
Hay uno que si es recuerdo y el otro es alimentado por una foto que tengo de chiquita guardada y que veo hoy más grande. El primer recuerdo que tengo del amor es un llavero de plástico con agua rosada por dentro y un corazón que parecía un dulce flotando en la mitad de todo ese líquido fucsia. Así. Y un amor profundo por el color rosado, pero no creo que fuera exactamente por ser niña o por una princesa.
El otro es, una serie de fotos que tengo en el jardín de mi casa de infancia donde hay una distinción tan clara de colores entre un cielo azul profundísimo, una pared blanca llena de plantas y el pasto verde verde verde. Estaba jugando con una pelota inflable y de cuando en cuando me acostaba como un animalito en la espalda de mi mamá o de mi papá que estaban en pijama y descalzos conmigo en el jardín.

para ver más del trabajo de maría da click aquí
este performance ha sido realizado en Bogotá Colombia, en Paisaje Latino
grabado por Heiber Fernández
patrocinado por Traveling Colector







explora dientes de leche











